- Distinción entre hacer y permitir
Otra cuestión mucho más difícil que ésta surge de otros textos de la Escritura, en los cuales se dice que Dios doblega, fuerza y atrae a donde quiere al mismo Satanás y a todos los réprobos. Porque el pensamiento carnal no puede comprender cómo es posible que obrando Dios por medio de ellos no se le pegue algo de su inmundicia; más aún, cómo en una obra en la que Dios y los demonios toman parte juntamente, puede Dios quedar limpio de toda culpa, y a la vez castigar con justicia a los que le han servido en aquella obra. Y ésta es la razón por la cual algunos hombres han establecido la distinción entre hacer y permitir, pues a muchos parecía un nudo indisoluble el que Satanás y los demás impíos estén bajo la mano y la autoridad de Dios de tal manera que Él encamine la malicia de ellos al fin que se propone, y que se sirve de sus pecados y abominaciones para llevar a cabo sus designios.
Con todo, se podría excusar la modestia de los que se escandalizan ante la apariencia del ilógico, si no fuesen porque intentan vanamente mantener la justicia de Dios con falsas excusas. Les parece que es del todo absurdo que el hombre, por voluntad y mandato de Dios sea cegado, para ser luego castigado por su ceguera. Por ello, usan de una salida que han creado en su ignorancia al decir que ello sucede, no porque Dios lo quiere, sino solamente porque lo permite. Pero es Dios mismo quien al declarar abiertamente que Él es quien lo hace, rechaza y condena tal evasiva.
Que los hombres no hacen cosa alguna sin que tácticamente les de Dios licencia, y que nada puede deliberar, sino lo que Él de antemano ha determinado en sí mismo, y lo que ha ordenado en su secreto consejo, se prueba con infinitos y evidentes testimonios. Es cosa certísima que lo que hemos citado del salmo: que Dios hace todo cuanto quiere (Sal.115: 3), se extiende a todo cuanto hacen los hombres. Si Dios es, como dice el salmista, el que ordena la paz y la guerra, y esto sin excepción alguna, ¿quién se atreverá a decir que los hombres pelean los unos contra los otros sin que Dios sepa cosa alguna, o si lo sabe, permaneciendo mano sobre mano, según suele decirse? Pero esto se verá más claro con ejemplos particulares.
Por el capítulo primero del libro de Job sabemos cómo Satanás se presenta delante de Dios para oír lo que Él le mandare, lo mismo que el resto de los ángeles que voluntariamente le sirven. Más, sea como fuere, esto demuestra que Satanás no puede intentar cosa alguna sin contar con la voluntad de Dios. Y aunque después parece que obtiene de Dios una expresa licencia para atormentar a Job, sin embargo, como quiera que es verdad aquella sentencia: “Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito” (Job.1:21), deducimos que Dios fue el autor de aquella prueba, cuyos ministros fueron Satanás y aquellos perversos ladrones. Satanás se esfuerza por incitar a Job a revolverse contra Dios por desesperación. Más Job reconoce que Dios es quien le ha despojado de todos sus bienes y hacienda, y que se ha convertido en pobre porque así Dios lo ha querido. Y por eso, a pesar de cuanto los hombres y el mismo Satanás maquinan, Dios sigue conservando el timón para conducir sus esfuerzos a la ejecución de sus juicios.
Quiere Dios que el impío Acab sea engañado; el diablo ofrece sus servicios para hacerlo, y es enviado con orden expresa de Dios para ser espíritu mentiroso en boca de todos los profetas (1Rey.21:20-22). Si el designio de Dios es la obcecación y locura de Acab, la ficción de permisión se desvanece. Porque sería cosa ridícula que el juez solamente permitiese; y no determinara lo que deseaba que se hiciese, y mandara a sus oficiales la ejecución de la sentencia.
La intención de los judíos era matar a Jesús. Pilato y la gente de la guarnición obedecen al furor del pueblo; sin embargo, los discípulos, en la solemne oración que Lucas cita, afirman que los impíos no han hecho sino lo que la mano y el consejo de Dios había determinado, como ya Pedro lo había demostrado, que Jesús había sido entregado a la muerte por el deliberado consejo y la presciencia de Dios (Hech.4:28; 2:23) como si dijese: Dios-al cual ninguna cosa está encubierta-; a sabiendas y voluntariamente había determinado lo que los judíos ejecutaron. Como Lucas mismo confirma en otro lugar, diciendo: “Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos los profetas, que su Cristo había de padecer” (Hech.3:18).
Absalón, mancillando el lecho de su padre con el incesto, comete una maldad abominable; sin embargo; Dios afirma que esto ha sido obra suya, porque éstas son las palabras con que Dios amenazó a David: “Tú hiciste esto en secreto, más yo lo haré delante de todo Israel y a pleno sol” 2Sm.12:12).
Jeremías afirma también que toda la maldad que emplean los caldeos con la tierra de Judá es obra de Dios (Jer.50:25). Por esta razón Nabucodonosor es llamado siervo de Dios, aunque era gran tirano. En muchísimos otros lugares de la Escritura afirma Dios que Él con su silbo, con el sonido de la trompeta, con su mandato y autoridad reúne a los impíos y los acoge bajo su bandera para que sean sus soldados. Llama al rey de Asiria vara de su furor y hacha que Él menea con su mano. Llama a la destrucción de la ciudad santa de Jerusalén y a la ruina de su templo, obra suya (Is.10:5; 5:26; 19:25). David, sin murmurar contra Dios, sino reconociéndolo por justo juez afirma que las maldiciones con que Semei le maldecía le eran dichas porque Dios así lo había mandado: “Dejadle que maldiga, pues Jehová se lo ha dicho” (2Sam.16:11). Muchas veces dice la Escritura que todo cuanto acontece procede de Dios (1Rey.11:31; 1Sam.2:34).
Los que tienen alguna familiaridad con la Escritura saben que solamente he citado algunos de los infinitos testimonios que hay; y lo he hecho así para ser breve. Sin embargo, por lo que he citado se verá clara y manifiestamente que los que ponen una simple permisión en lugar de la providencia de Dios, como si Dios permaneciese mano sobre mano contemplando lo que fortuitamente acontece, desatinan y desvarían sobremanera; pues si ello fuese así, los juicios de Dios dependerían de la voluntad de los hombres.
Continuará…………………………..
Yareidy Carbajo Gil
Bibliografía: Institución de la fe Cristiana. Juan Calvino.

















4 comentarios
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Dios es soberano y yo no, Dios es justo y yo no. Dios es musericordioso y lleno de a mor. A Dios sea la gloria.
Gurevich, Dios no obliga a nadie, eso lo estás diciendo tú. En verdad eres muy necio, debes aprender mucho más de Dios. No sabes nada, solo estás lleno de ignorancia.
Gurevich: Ud con ese comentario también esta haciendo la voluntad de Dios, nuestro Señor es todo poderoso.
Mira que forma de pensar tan peculiar tenía Calvino… ¿Quiere decir que Dios obliga a “los impíos” a hacer su voluntad y estos cargan con la culpa?
¿Pero qué es esto? Ahora si me dejaron loco… jaja…