Iglesia, otro supuesto fracaso de Dios 2: (El significado común y su registro en las escrituras)

Autor: JAVIER AMENEIRO.

De tanto oír sobre la iglesia que todos hablan, la iglesia de Dios ha perdido su identidad. Mucho de lo que sabe de sí, lo aprendió de oídas, y por tal razón, la mirada de todo ojo, de los que la forman o no, vaga sin ver esa verdadera iglesia. Job en medio de su aflicción ruega ha Jehová para que sea quien le enseñe, mientras que el creador se enciende en ira contra los tres amigos de Job, puesto que ninguno habló lo que era recto en relación al proceder del plan soberano del altísimo  (Job.42:1-9). Como seguramente está airado por mucho de lo que se dice en referencia a su iglesia, que para nada se le ajusta. Al igual que Job necesitaba del consejo divino para entender lo que no comprendía y comenzar a ver el propósito de Dios, nos es urgente divisar la maravilla de lo que es su iglesia; de oídas, considerada una edificación echa de manos, otra organización corporativa, una institución religiosa en el mundo. Pero observada desde Cristo, un edificio espiritual, un organismo vivo, un solo cuerpo, un pueblo cuya institución no es de este mundo, pues aunque anda sobre él, no pertenece a este, sino que ha sido llamado fuera del mundo y sus esquemas religiosos.

El significado común: El origen de la palabra iglesia se deriva de un sustantivo griego que indica “llamar fuera”. Era usado generalmente por mensajeros oficiales, que con un orden político convocaban asambleas públicas. Pero aunque predominara en los asuntos de estado, su expresión no solo provenía de autoridades civiles, sino que formaba parte del lenguaje común en el pueblo; ciudadanos sencillos, con el fin más simple, lo pronunciaban invitando a una reunión, a juntarse en un determinado grupo. Cada pequeña o gran congregación, reunida mediante algún anuncio, bajo cualquier motivo, se nombraba iglesia, incluso cuando ni la multitud que respondía al llamado supiera con exactitud porque causa había salido. Un ejemplo de ello se encuentra en el término concurrencia traducido en el libro de los Hechos, capítulo 2, y verso 32, donde se menciona a una iglesia confusa, una muchedumbre que abandonó sus quehaceres sumándose al disturbio que se había generado. En la propia base de su expresión, una iglesia no representaba un colectivo exclusivo, ni daba alguna distinción en relación a otros llamados, era simplemente el resultado visible a una cita de varias personas. Decir: Soy iglesia, acentuaba que cada uno en la asamblea había sido llamado fuera; ¿De quién eran iglesia? ¿Por quién fueron llamados? y ¿Para quién eran iglesia?, son preguntas que surgían ante tan obvia presentación. La idea de solo valorar como iglesias a las comunidades practicantes de una fe, limita el sentido de lo que implica ser una iglesia, puesto que, los creyentes que comparten una misma fe no son los únicos en juntarse con un propósito en común; de igual manera cada quién realiza este acto en lo social. Es un error afirmar que hay tan solo una iglesia real, anulando por completo a los demás grupos. En su plano general existen tantas iglesias como llamados para integrarse a una causa, y en lo particular mantienen grandes diferencias.

El registro en las sagradas escrituras: No podemos hablar de la iglesia bíblica sin comenzar por la primera vez que es mencionada (Mt.16:18), de las 105 ocasiones plasmadas en el Nuevo Testamento (Traducción Reina Valera 1960). Para muchos allí comenzó la era de la iglesia, debido ha que fue en aquel momento que apareció tal definición, y a la secuencia con que se va repitiendo siempre en relación a Jesús; pero esto no significa que hasta ese instante el Señor no contara con una iglesia, puesto que su llamado de Fe no dejó de estar activo desde el inicio de los tiempos entre la grey que le seguía. Por consiguiente es un error pensar que ese nombramiento excluyera a quienes antes de dicho minuto gozaron de la revelación de Dios, ¿O acaso esa gran nube de testigos que vivieron anclados en la roca de salvación que tanto esperaron, no eran iglesia? Lo cierto es que bajo las características de su época sí lo fueron, estos en un antes del mesías, y otros en un después, entre los cuales estamos nosotros hoy. Así como había cristianos antes que en Antioquía se le comenzara a llamar de esa forma, se hallaba también una iglesia de Dios que precedía al texto narrado en Mateo. En Antioquía no aparecieron los primeros cristianos, sino que fue donde se formuló inicialmente esa palabra, que ha diferencia de iglesia, jamás se había utilizado. La comparación entre ambos casos es bien notable, ya que el nombre cristiano encerraba la persona de Cristo, especificando su obra y sus discípulos; ser un cristiano indicaba seguir a Cristo, ser iglesia indicaba seguir algún llamado. Lo acontecido en Antioquía destacaba que aquella iglesia seguía el llamado de Cristo (Hch.11:26).

Fijar el origen de la iglesia de Dios es como saber con exactitud ese modo en que ocurre el segundo nacimiento, como descubrir el curso del viento. La realidad de su iglesia es conocida a través de la historia sin un trazo que delimite su punto de partida. Ella es mucho más que una frase, que un pensamiento o una concepción; trasciende épocas y lenguas, no es posible apuntar su esencia, como tampoco registrar el mover del Espíritu; es tan individual como colectiva, tan solitaria y olvidada, como grupal y reconocida.  Dios, siendo el mismo, ayer, hoy, y por los siglos, se manifestó a la humanidad mediante dos pactos, sin perder en absoluto la naturaleza de su carácter ni la intensión de su objetivo, Él en su voluntad estableció ambos periodos sin variar en la finalidad, solo en los modos, y las palabras dichas a Pedro definían a la iglesia del Nuevo Pacto, que con la encarnación de Cristo apreciaría en todo su esplendor la gracia divina, aquella que permaneció en la sombra durante el pacto antiguo. El significado de la voz usada en el Antiguo Testamento para referirse al pueblo de Dios, perfectamente podría combinarse con la aplicación de la voz hebrea. De la manera que Dios habló en otro tiempo, en los postreros días lo haría por su Hijo, su imagen visible (Heb.1:1-3; Col.1:15), enviado con el poder oficial del creador y juez supremo. La particular reiteración de esta palabra expuesta en las escrituras, debemos entenderla como la manera en que la Biblia se propone detallar específicamente a la iglesia de Dios en Cristo Jesús, sin mantener interés por las demás convocatorias terrenales, en un enfoque directo a la reunión de los santos.

 

 

 

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2 comentarios

    • Yarko en 13 noviembre, 2018 a las 5:56 pm
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    Saludos, amigos!Muy buena esta página!Me llena mucho poder compartirla, y leerla animo y felicidades a los tres administradores por el buen trabajo.Un evangelio no comprometido por los vientos de la posmodernidad. Viva el Evangelio Cristocentrico y reformado!

    1. Seguro que así sera.

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