Nos cuesta dar a Dios toda la gloria, pero nos es fácil darle todos los reproches. Cuando el hombre alcanza sus metas, brinda un agradecimiento, ya sea a Dios o simples criaturas e invenciones; más en su interior, considera que parte de ese reconocimiento le corresponde a su propia persona, por su esfuerzo y dedicación al buscar. Cosa que no ocurre en el retroceso de sus planes, ahí donde su voluntad no llega ha realizarse, entonces, rara vez cuestionan su persona, no consideran la posibilidad de que todo su esfuerzo o dedicación podrían estar mal encaminados, sino que cuestionan todo, menos su enfoque. El cristiano, en su naturaleza humana también presenta estos códigos, y mientras honra a Dios por sus bendiciones, alberga en su interior la idea de haber aportado algo bueno para recibir ese regalo del cielo, por lo cual no entrega una gloria total sino que retiene una parte, aún cuando no halle explicación para aquellas bendiciones que recibe luego de ser infiel. En cambio, cuando presenta un revés y no avanza de acuerdo a sus deseos, antes de cuestionar su labor, lanza quejas a diestra y siniestra, culpando a cada enemigo, y se niega a examinar en la sagrada palabra ese propósito que se ha trazado; no medita en que su enemigo podría ser el no cambiar su visión con sus conceptos errados.
Adán y Eva no se humillaron al oír la voz de Jehová, no se mostraron desnudos en prueba de su error sino que se escondieron de la presencia de Dios (Gé.3:8-13). Sentían temor por lo que hicieron, pero no respondieron basados en su acción sino que evadieron su tropiezo. Adán censuró a Dios por la mujer que le dio, y Eva se quejó de que la serpiente la había engañado. Desde el inicio de los tiempos nos es gravoso confesar nuestros fallos, y dando la cara consumidos por la vergüenza. Necesitamos admitir los errores, que en efecto hemos actuado mal, sin acudir a todo tipo de escusas. Dios fue claro con su palabra de prohibición, y Eva expuso a la serpiente el mandato que Dios expresó, ella estaba segura de lo que no podía comer, por tanto, decir que había sido engañada, y Adán que fue inducido por su compañera, no cambiaba su entera transgresión. Muchos podrán decir al Señor: El ministro que me diste por guía, lo enseñó, y yo obedecí. Más Él les dirá: Por cuanto obedeciste a la voz del ministro, y practicaste lo que en mi palabra te mandé que no hicieras, o no hablé para que forjaras conjeturas, tendrás consecuencias (v.17).
La iglesia escucha la voz de Jehová pero se aparta de su presencia escondiéndose entre miles de tradiciones, que trasmite, y que invalidan la palabra de Dios (Mrc.7:13). Se inclina más a las costumbres de los hombres y a los rudimentos del mundo, que a la figura de Cristo (Col.2:8). Hace delantales para cubrir sus reveses, usando como traje a la escritura. En vez de mostrar la desnudes de su equivocación partiendo de la revelación divina, hace de lo revelado el punto que le justifica, la presentación del vestido que cubre su equivocación. Se ha conformado a este siglo, que no solo implica lo concerniente a un andar impío, sino que además, refiere la manera en que los creyentes de este siglo conciben la Fe. Necesita con urgencia transformarse por medio de la renovación de su entendimiento, para comprobar cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta, la cual nos dejó en testamento (Ro.12:2). Alejándose así de un entendimiento obstinado que se encierra conservando su postura, y comprobando solamente la voluntad de su experiencia. Por no admitir las prácticas añadidas que arrastra, y defenderlas con tenacidad, proyecta la inexactitud y el desacierto que sus espectadores achacan a Dios, quien acaba siendo el responsable de nuestras contradicciones, el nombre que es blasfemado entre los gentiles, tanto hoy, como en épocas antiguas (Ro.2:24).
Además, va desacreditado al Señor que invoca por no comprometerse a rectificar; ha mantenido una apariencia de veracidad antes de expresar públicamente sus desaciertos, ya que esto le restaría en autoridad delante de los suyos y los de afuera, por lo cual su estima personal no ha sido del todo negada. El llamado de negarse a uno mismo y tomar la cruz de lo que implica esa negación, es sustituido por una negación superficial y una cruz sin costo (Lc.9:23). Hay pocos corazones que reconocen abiertamente sus rebeliones, afirmando la pureza y la justicia de la palabra de Dios, menguando y humillándose para que su Señor crezca y sea exaltado. David fallaba, pero nunca dejó de señalarse como un pecador, para cargar con todo el fracaso que saliera a la luz, y que la obra de Dios fuera incuestionable e absoluta, para que sin dudas fuera Dios veraz y todo hombre mentiroso, frase casi ahogada entre los profesantes actuales ( Sal.51:2-4; Ro.3:4). Muchos afirman que Dios fue derrotado por su creación, ya que el hombre torció el plan su creador había diseñado. Sin embargo el único fracasado fue el hombre, pues ya Dios tenía preparado en su eterno esquema al cordero expiatorio, así que no hubo ningún rompimiento del propósito divino, Jesús vendría a la tierra para cumplir su obra de salvación, mostrando el modelo incomparable de la vida que complace a Dios, era inevitable la necesidad de un Mesías y su intervención. Quien cayó fue el hombre, quien a su vez heredó la muerte, Dios ni fue engañado, ni dejó de tener el control sobre lo acontecido con su obra. Un ser perfecto jamás fracasa, lo que establece se pone en marcha con exactitud y un éxito garantizado, por lo tanto, no es de sabios atribuir a Dios fracaso alguno. En el ámbito espiritual hay una historia que es según Dios, con un curso infalible, y a nuestra vista una historia que se torna saturada de fracasos, los cuales nos pertenecen solo a nosotros. Como también, puede que un aparente fracaso sea delante de Dios la victoria más excelente. Ambas realidades rigen todo la existencia debajo del sol. Guiarnos por el desenlace de lo que nos rodea, tratando de encontrar una lógica entre tanta variabilidad, sin considerar el acto protagónico de Dios tras lo sucedido, dejará a nuestra mente finita valorando la errada posibilidad de que alguna equivocación salga del Señor. Es absurdo acusar de fracaso a quien siempre cumple lo que dice, sin que luego se arrepienta; y en contraste, bien natural sería culpar a quienes continuamente hacen lo que su creador no ha dicho.
Nuestro conocimiento como iglesia, ¿Será de esa iglesia que Dios viene a buscar? ¿Será la iglesia según la historia espiritual de Dios, o aquella según el perfil de los hombres?
















3 comentarios
Me tomo la libertad de intentar una respuesta a su última pregunta: ”¿Será de esa iglesia que Dios viene a buscar? ¿Será la iglesia según la historia espiritual de Dios, o aquella según el perfil de los hombres?”
¿Cuándo viene Dios a buscar su iglesia? Ya estamos en los últimos tiempos… pero desde los tiempos de Cristo ya estamos en los últimos tiempos… Dentro de 50 000 años estaremos en los últimos tiempos…
¿Cuál es la iglesia según la historia espiritual de Dios? ¿Los judíos? Bueno al menos eso dice el Antiguo Testamento… ¿Los Católicos? Bueno estos al menos son los que defienden ser los continuadores de la iglesia primitiva… Han tomado para sí la sucesión apostólica aunque Juan Pablo II intentase compartirla con otras iglesias… ¿Los Protestantes? No veo realmente como puedan ser ”la iglesia según la historia espiritual de Dios”. Nacen de un cisma en la iglesia católica… dentro de los mismos “reformistas” no dejan de dividirse y luchar entre sí… Se mancharon tanto de sangre como la misma Inquisición…
No se traumatice pensando si Ud. es o no parte de la Iglesia elegida por Dios… Todas las iglesias son ”según el perfil de los hombres”… fueron creadas por ellos y son tan imperfectas como cualquier otra organización humana…
Un saludo
Autor
Hola Gurevich, tu actitud es muy común, no me sorprende, es propia de aquellos que quieren pelear contra Dios. Todo está delante de ti, pero no lo logras ver porque para ver las cosas eternas se necesita la intervención de Dios mediante su Santo Espíritu. La fe no la produce nadie, sólo el mismo Dios, es dada sólo de Dios, es la única forma de que puedas ver las bellezas y excelencias de Cristo. Nosotros escribimos las cosas claras y vemos que no logras comprenderlas, las miras pero no logras verlas bien. Mira amigo, nosotros hemos padecido mucho, más de lo que puedas imaginar por causa de muchos que se denominan iglesia o parte de ella, pero no por eso negamos a Cristo. Jesús es el mejor amigo que se puede tener, es un rey admirable y justo, si algún día lo puedes ver de frente con los ojos de la fe no podrás hacer otra cosa que caer de rodillas admirado de su santidad y belleza. Ese es el Dios a quien rechazas, sólo por tu obstinada manera de ver a los hombres que se han llamado iglesia y que muchos no lo son. Ya explicamos y seguiremos explicando lo que es la iglesia. No has mirado bien, hazlo, mira bien, y que el Santo de Israel te perdone y te guíe, sólo Él hace eso como nadie. saludos amigo, Javier…..
Bueno, creo que tendría que tener una imaginación inmensamente fecunda para ver tanto como Ud. ve en su fe… a mi modo de ver Ud. cuenta con un gran amigo imaginario… y me tildará de ateo por ello…
Lo que Uds. escriben lo comprendo perfectamente pero no puedo compartirlo, porque simplemente carece de todo fundamento lógico…
Ud. puede intentar explicar lo que idealiza como iglesia… pero lo que muestra la historia, lo que ha sido a través de los años, eso es lo que realmente es la iglesia (no lo que Ud. desearía que fuese) o iglesias si se ve desde un punto de vista más crítico…
No se puede borrar la historia… y la que escribe esa idealizada iglesia hoy en día no es que sea ejemplo para nadie… de hecho hay muchas organizaciones “de hombre” que tienen un historial mucho más honorable y justo; y han hecho más por la humanidad que su idealizada iglesia…
Un saludo