Un Atenas evangélico(Hch.17:16-34). (v.18)-Disputas y Dichos.

Debido al osado intercambio de Pablo, los filósofos, sintiéndose incómodos y amenazados, disputaban con él. El mensaje traído por el apóstol inquietó no solo a los devotos de las deidades, sino a los que negaban rotundamente lo espiritual. Todo el criterio predominante era confrontado por un recién llegado, y es que cuando la revelación de Dios se anuncia fielmente, desafía cada concepto humano, tanto de fe, como de cualquier índole. En relación a las sagradas escrituras, es sorprendente como en este siglo el mundo no discrepa ante la proclamación del evangelio, las personas que deciden ignorarlo lo hacen sin una oposición marcada por la polémica. La causa de tal indiferencia, es que el aviso de muchos voceros consiste en hablar solo lo que sus receptores quieren escuchar, y de acuerdo a ese auditorio omiten verdades de la verdad, y entonces no hay disputa alguna, no se turban los corazones por un arrepentimiento profundo, ya que el discurso es acomodado para no inquietar los diferentes modos de pensar. La inspiración del Espíritu Santo ha sido manipulada por muchos, conforme a lo que deseen las masas, haciendo de todos una mercadería. La alarmante y última respuesta de Jesús, luego de mirar y de amar al que vino corriendo hasta su encuentro, no se ajusta a la presentación actual del evangelio, pues quiebra la posición bilateral; o queremos ser perfectos para con Dios, dispuestos a cuanto Él diga que nos falta, o continuamos tratando de alcanzarle según lo que consideramos que hemos guardado y cumplido; o andamos en dirección a su pedido, o nos vamos tristes y afligidos ante sus palabras; o nos entregamos por completo, dándolo todo, o no damos nada. El punto medio entre lo que éramos estando solos, y lo que somos estando en su nueva vida, no tiene ningún sustento; no podemos ser a sus pies, lo que fuimos estando alejados. Aquel joven no seguiría realmente a Cristo sin antes dejar de seguir sus posiciones, y de igual manera, para responder sinceramente al evangelio es necesario abandonar el error. El evangelio no es una añadidura a lo que ya traíamos, es quien sustituye lo acumulado, haciéndonos ver que se trataba de algo vano (Mt.19:16-22; Mrc.10:17-22). El no disputar a favor de la verdad no hará que cambie el sentido verdadero, defendiéndola o no, será de igual modo la verdad. Algunos expresan que no debemos luchar ni contender por el nombre de Dios, ya que Dios es suficiente para mostrar su verdad, pero no disputamos en su defensa porque Él lo necesite, sino para evidenciar que somos sus testigos. De manera que, la exhortación de contender ardientemente por la Fe que ha sido dada a los santos, es la disputa que refleja lo verdadero, bien diferente a disputar en aras de que prevalezca lo que consideramos la verdad, lo cual es la postura que frecuentemente se adopta, la misma de los fariseos, o los de la circuncisión (Jd.3-4).
El hijo de Dios no puede amar la disputa, porque amará la transgresión; no debe prestar atención a fábulas ni a lo que acarree disputas y no edificación. Debe apartarse de disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia, quienes nada saben, sino que deliran acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas. Es obvio que tales disputas son infructuosas, una perdida de tiempo, primero, porque puede surgir de alguien que ama la confrontación y no está pendiente de una edificación; y segundo, porque puede que a quien dirigimos la disputa se empecine en su necedad, llegando a ser irracional con tal de no abandonar su camino (Pv.17:19; 1Tm.1:4, 6:3-5). Pero frente a quien lanza su argumento en resistencia a palabras que jamás había oído, disputar y hablar denodadamente (con energía, resolución, ánimo, valentía, decisión, sin cansancio)es parte de la presentación del evangelio, o ante el más mínimo desacuerdo de las personas, tendríamos que abandonarles, sin insistirles en que precisan del salvador Jesucristo. Así como se levantaron unos de la sinagoga llamada de los libertos, y de los de Cirene, de Alejandría, de Cilicia y de Asia, disputando con Esteban; se levantarán de sinagogas con infinitos apelativos, bajo muchos esquemas, y atacarán la verdad del evangelio. ¿Podrán resistir a la sabiduría y el Espíritu con que hablamos?, ¿Recibiremos una lluvia de piedras al decir con firmeza lo que es cierto?, ¿Lograremos, sin retroceder en nuestra intervención, amar al punto de pedir que Dios perdone la ignorancia de quienes violentamente nos agrede? (Hch.6:9-10, 60, 9:29, 11:2).
Oponerse al curso de las corrientes que hay en el mundo, hará que este formule dichos hirientes. Ser tildados de palabreros, locos, llenos de mosto, son algunas de las burlas que los hijos de Dios tendrán que enfrentar. El resentimiento frente del llamado a un cambio decisivo, despertará en el hombre natural todo clase de ataques. Porque si al árbol verde dañaron, si al Maestro y Señor, al padre de familia, llamaron Beelzebú, ¿Cuánto más a los de su casa?, quienes son sus discípulos y siervos, ¿Qué no harán en estos arboles secos? (Mt.10:25; Lc.23:31). A quien lleve las palabras del cielo le apodarán de charlatán; defenderlas será cosa de locos, pues sus letras no hallarán cabida en las mentes de los renombrados, quienes con astucia enseñarán que tales letras matan, para que el hombre no sepa que mientras la ley es espiritual; él es carnal, vendido al pecado; para hacer del mandamiento santo, justo y bueno, algo estéril y devastador, quitándonos la culpabilidad de impuros, injustos y malos, quienes mueren ante la gloria de preceptos que no logran guardar, pero que vivificados en el ministerio del espíritu hayan la vida en aquellas palabras que al estar solos los derriban. La expresión de Dios nos condena por nuestra naturaleza, y en el espíritu nos vivificamos, sintiendo y deseando agradarle, en vez de tener en la letra una obligación impuesta.
Puede que algunos nos inviten a que les hablemos de la Fe, y que al disertar acerca de varias cuestiones como la justicia, el dominio propio, el juicio venidero, y otros temas; el espanto, y posteriormente el pedido de que nos marchemos hasta otra oportunidad, junto a los modos de congraciarse, maquillen el ambiente, como sucediera siempre que eran presentadas las buenas nuevas, desde los profetas hasta Cristo, los apóstoles, y creyentes en general, con disputas para confrontarlas y disputas para defenderlas, tanto entre impíos como dentro de la propia iglesia, la cual no escapa a exhibir contraposiciones análogas a las antes mencionadas(Hch.25:9, 26:24; 2Co.5:13, 11:1, 16; 3:6; Ro.7:12-14; Hch.24:24-27). Que las disputas y los dichos de vituperio se hayan revertido por una inmediata aceptación, por elogios y aplausos, nos advierten de un cambio, o en la aptitud de la humanidad hacia su creador, o en la exposición del modo en que Dios trata con la humanidad.
Un despertar espiritual proveniente de los hombres, cualquier impulso de buscar la verdad de Dios por iniciativa propia, es absolutamente utópico. La humanidad no se ha transformado para bien, sigue el dogma de sus antepasados, continúa hoy sin entender, como en los días de Noé. No habrá más lealtad a la verdad de Dios, sino que vendrá la apostasía, y con mayor fuerza renegarán y abandonarán tal verdad. Esperar que la mayoría responda en Fe y suba al arca, mientras una minoría se pierde, contradice la historia de Noé. Las conversiones masivas relatadas en el libro de los Hechos, no serán una constante, ni medirán un ascenso, lo que con seguridad se multiplicará será la maldad y los tiempos peligrosos, de tal manera que nadie sería salvo si los días no fueren acortados por causa de los escogidos. Los creyentes ruegan porque se incrementen los números y trazan estrategias humanas para atraer a las personas, cuando deberían ser fiel al evangelio confiando en que el Señor mismo añadirá a su iglesia los que sin duda alguna habrán de ser salvo.(Ro.11:3; Mt.24:12, 22, 37-38; 2Ts.2:3; 2Ti.3:1-5; Hch.2:47)
En cuanto a la instrucción en el camino angosto que lleva a la eternidad de luz, una y otra vez será falsificada; si algo progresará, creciendo y enriqueciéndose, será la mentira doctrinal, y no el florecimiento de la doctrina sana. Dios abrirá oídos y bocas para hablar de parte suya, pero predominará la comezón de oír, y el apartarse de la realidad de su santa palabra, sin sufrir por ella, sino que correrán para saciar las ansias de un apetito, que será de aspiraciones contrarias a lo celestial.
Ese avivamiento que tanto se desea, se basa en la expectativa de más salvados para que sean menos los perdidos, y no en más dependencia de la escritura para evitar extravíos. El pueblo de Dios asocia un avivamiento con las grandes aglomeraciones, pero sin analizar la razón que los arrastra como grupo, ni el conteo de los presentes junto al del resto de habitantes en la región. Tras la disertación de Pablo en aquel día de Pentecostés en que el Espíritu Santo descendió, se añadieron al grupo de creyentes como tres mil personas y cada día seguían sumándose, pero, ¿Cual era el porciento de los habitantes de Jerusalén? ¿El bautismo de unas diez mil personas indicaría una estadística elevada de aquella población? ¿Dentro de los tres mil, no habían Partos, medos, elamitas, hombres de Mesopotamia, de Judea, de Capadocia, del Ponto, de Asia, de Frigia y Panfilia, de Egipto, de África más allá de Cirene, de Roma, tanto judíos como prosélitos, cretenses y árabes?¿Si los judíos aceptaron en su mayoría el mensaje de Jesús, de donde proviene el reproche de que no lo recibieron, motivo por el cual el anuncio es enviado a los gentiles? Lo que ha simple vista apreciamos como una cantidad abrumadora, con respecto a la totalidad, es una pequeña parte; a escala mundial el cristianismo genuino registrará una representación disminuida, entre miles de profesantes, no todos serán salvos, ni siquiera la mitad, ni varios de ellos. Jesús no dice que como muchos son los llamados, entre tantos, algunos eran escogidos; tal deducción no se ajusta al antónimo poco, que se menciona haciendo un gran contraste con las enormes muchedumbres. Cada individuo ha sido llamado, mas solo pocos han sido escogidos por el que llama. Mientras muchos entran por la puerta ancha, pocos hallan la estrecha, así como pocos son los obreros; entonces, ¿son pocos los que se salvan?, muchos procurarán salvarse, y no podrán; pero lo que es imposible para los hombres es posible para Dios, pues su elección terminará en salvación. Si tuviéramos la visión de mirar más allá de lo que tenemos delante, notaríamos cuan pocos dentro de los muchos, son los escogidos; y ya el avivamiento no se caracterizaría por los muchos, sino por la llegada de aquellos pocos que han sido ordenados para ser salvos, hallando la puerta de vida y siendo enviados como obreros. (2Co.2:17; 2Ti.4:3-4; Hch.2:6-11, 41-42; Ro.1:21-22, 25, 28-32; Mt.7:14, 9:37, 19:25-26; Lc.13:23-24; Hch.13:48)Las grandes manadas, responderán a los falsos maestros que se amontonarán, y las grandes disputas, a la exposición pura del evangelio, que le es locura a un mundo impuro. (1Co.1:18-23, 2Co.2:14)

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