El criado ajeno.

Desde su debilidad o su fortaleza el hombre de Fe es únicamente un criado de Dios. Los fuertes no son Señores de los débiles, no deben actuar como tal.Dios que es el Señor de todos, hace que su criado débil esté firme, por lo cual, ¿Quién será aquel que juzgue su decisión suprema?

El juicio de las escrituras condena el dominio de un desenlace pecaminoso. No podemos juzgar con la voz del Señor, si el Señor en sus palabras no juzga lo que en su nombre pronunciamos, o nos haremos señores de aquel a quien juzgamos, tratándole como a un empleado personal, cuando su vida en términos de servicio nos es ajena. Los fuertes deben ocuparse de que el servicio para el Señor sea el apropiado, pero sin cruzar su espacio de meros subordinados al mismo dueño de los que están sirviendo, por lo que su modo para con ellos sería el de un criado hacia otro criado en función de ofrecer lo complaciente a su amo.

La expresión “criado ajeno”, indica que la Fe tiene un Señorío en singular, concerniente a Dios, absolutamente a nadie más. Pablo, no coloca aisladamente a los hermanos, como ajenos entre sí, pues en un mismo cuerpo no hay miembros ajenos (1Cor.12:12, 27; Ef.4:25).

 

Teniendo a Cristo por cabeza, debemos nutrirnos y unirnos, creciendo en el conocimiento que da Dios (Col.2:19). Estando bien concertados, ayudándonos mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, edificándonos en amor (Ef.4:16). Sintiendo preocupación por el estado de cada cual, experimentando dolor cuando uno padece, y gozo si alguno recibe honra (1Cor.12:25-26). Sobrellevando las cargas particulares en conjunto (Gál.6:1-2), y restaurando con espiritualidad, bajo la consideración de que también seremos tentados, y que al igual que los demás tendremos que comparecer dando cuentas ante el tribunal de Cristo (Rom.14:10-12)

AUTOR: Javier Amenéiro Báez.

 

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